martes, 17 de octubre de 2017

De noche no te miro, te admiro

Tímida luz
La de la luna
Amaneciendo

Desde bien pequeñita he simpatizado con la Luna. No me preguntéis por qué, pero en general siento algo especial por todo lo que tiene que ver con ella y con lo inalcanzable en general. También en mi pasado infantil, me encantaba estirarme en el asiento trasero del coche de mis padres y del revés, veía el cielo e imaginaba y adivinaba formas con las nubes. Sé que no es una práctica mía personal, sino generalizada, pero en aquel momento yo creía que era la única personita en el mundo que sabía encontrar objetos y personas en aquellas masas de un blanco precioso, que parecían algodón de azúcar muchas veces. Y yo me pregunto ahora, ¿qué narices hacía yo estirada en los asientos traseros, con el coche en marcha? ¿No era obligatorio llevar el cinturón de seguridad entonces? Creo que a principios de los 80, no. A propósito del cielo, mi bichilla de casi dos años confunde el cielo con el agua, dice que es azul como el agua. ¿Os imagináis que fuera agua? ¡Qué fresquitos estaríamos siempre!

A lo que iba. Siento debilidad por la Luna. Muma para mi niña, ahora con casi 2 años. Me encanta contemplarla. A mi niña también, pero ahora os hablo de la Luna. Es como si en la oscuridad de la noche, dónde a veces sólo se oye el silencio, ella estuviera siempre ahí vigilando, acompañándome, protegiéndome. Y no sé vosotros, pero yo le intuyo los ojos, y una boquita de piñón como si estuviera soplando y sonriendo a la vez. Imaginaciones de las mías igual…

Viendo la luna
Parece que sonríe
Todas las noches

Lo reconozco, la personifico, y mi padre me dice cuando lee mis poemas, que hablo de la Luna como si se tratara de una persona. Así es. Y además, sólo proyecta en mí emociones positivas, así que, ¿por qué no tenerla en cuenta? Los versos que estáis leyendo corresponden a los haikus que escribí hace poco más de dos años durante el embarazo de mi pequeña: “108 haikus, olor a sakura”. Está publicado y a la venta en Amazon. Como ya debéis saber, los haikus originariamente son poemas japoneses breves, de sólo 3 versos con una estructura de sílabas 5-7-5, que suelen hablar de los elementos de la naturaleza, básicamente. A estas alturas, alguien estará diciendo: mira, ha escrito el post para promocionar su libro. No, no lo he escrito para eso, pero por qué no hablar de él, seguramente tú también lo harías. Aunque no hubiera escrito ningún libro, os hablaría igualmente de la Luna, porque me fascina.
Duerme la luna
Cuando el cielo clarea
Y el sol retumba

Pero si os dais cuenta, os hablo de lo que me transmite: paz, fidelidad, confianza, belleza, serenidad, compañía, admiración, … ¿Cómo algo inanimado puede hacer sentir tanto? Las emociones, tan abstractas y tan profundas como siempre, son reacciones psicofisiológicas, que representan modos de adaptación a ciertos estímulos cuando percibimos un objeto (en este caso la Luna), persona, lugar, suceso o recuerdo importante. ¿A vosotros os pasa lo mismo con algún otro elemento u objeto? Las creencias populares (otro día dedicaremos un tiempo a descubrir el poder de la Luna en la mitología) siempre han defendido que la Luna influye en el estado de ánimo de las personas, más concretamente sus fases, pero un estudio publicado en la revista científica General Hospital Psychiatry ha desmentido este mito popular. Contrastaron el calendario lunar con la visitas de pacientes canadienses a un centro sanitario, que presentaban patologías variadas, desde ansiedad, ataque de pánico, alteraciones del estado de ánimo hasta pensamientos suicidas. Los datos del estudio revelaban que no había ninguna relación entre las patologías y si la Luna en el momento del ingreso del paciente estaba en cuarto creciente, menguante, en fase de Luna llena o nueva. Aquí podéis leer la noticia al completo.

Como habéis visto, en este post no me refiero a lo que produce la Luna en mí, sino a lo que me transmite, que creo que es muy diferente.

Nunca la olvides
Tus pecados confiésale
Siempre a la luna

Para acabar, estos últimos versos. Contaros que ella es mi confidente. Cuando estamos a solas, no hay nadie más. Sólo ella y yo. Nadie más. Evidentemente no hablo en voz alta, aunque me consta que hay gente que sí lo hace. Mis pensamientos, con ella están. Y con ella sé que están sellados. Muy bien guardados. Lo sé.

lunes, 9 de octubre de 2017

Libertad confusa

La libertad guiando al pueblo (Delacroix, 1830). ¡Qué gran obra pictórica! No sólo por su técnica (gran pintura perteneciente al Romanticismo), sino por el simbolismo que encierra, la unión de clases sociales en la lucha conjunta por la libertad de todo un pueblo, en este caso del pueblo francés. Esta belleza me sirve como punto de partida, para seguir con el esbozo de libertad que ya tracé en mi entrada anterior. Es un tema que me preocupa, como veis. Y me preocupa sobretodo, el significado creo erróneo que se le está otorgando a este sustantivo, que a mi parecer se usa demasiado a la ligera, en numerosas ocasiones se pervierte y se practica únicamente para beneficio propio, sin importar la intimidación o las faltas de respeto al prójimo. Esta falsa libertad nada tiene que ver con la representada en el cuadro anterior. Me da la impresión que actualmente muchas personas confunden esos principios e ideales revolucionarios de aquellas épocas, en momentos clave, con derechos a tutti plen, 0 obligaciones y rayando continuamente la mala educación.

Ahora quiero presentarte unas frases, unos ejemplos cotidianos, que seguro has vivido alguna vez, y así puedas reflexionar sobre ellos, si te apetece.

¿Qué piensas cuando lees esto?
  • Libertad de un niño en la escuela creando su pintura, escogiendo los colores que más le gustan o que cree que le van a ir mejor o seleccionando materiales para un collage que está componiendo.
  • Libertad en coger el mando de la televisión, y pulsar el número de canal que te apetece ver en ese preciso momento. Aunque estás expuest@ a que quién convive contigo no quiera ver lo mismo e intente negociar un cambio o ceda, dependiendo de vuestros acuerdos habituales y maneras a las que estáis acostumbrados.
  • Ser libre de comprar las galletas con o sin azúcar, o productos con o sin lactosa, ateniéndose a las consecuencias (soy intolerante a la lactosa, sí, es una murga).
  • Libertad a la hora de escoger un asiento para un concierto, siempre y cuando queden de esa categoría. (Aquí la libertad se paga, lo sé).
  • Ser libre de ir descalz@ por tu propia casa.  
¿Y cuando lees esto otro?
  • Ser libre de dejar la caca de tu perr@ en la calle.
  • Libertad de colarte en cualquier cola habida y por haber (museos, mercado, tiendas, etc.).
  • Ser libre de tener mi mesa desordenada, pues es mi mesa. O mi material, como mi flauta, como me he encontrado en el colegio, que cómo era de ellos la podían lanzar por los aires y caer al suelo mil y una vez, y tú profe, no te molestes a decirme nada, porque ya digo, es mi flauta y hago lo que quiero con ella (afirmaciones transcritas literalmente).
  • Libertad de llevar música por la calle, en el móvil o dónde sea, pero sin auriculares, tipo altavoz, que lo oiga todo el mundo, aunque no le apetezca, no le guste, le moleste o rompa su tranquilidad, paz interior.
  • Tener la libertad de asaltarte en la calle con mil y una mandangas (sé que suelen ser buenas causas, pero tenía que llamarlas de alguna manera), qué pereza, me molestan a más no poder, son muy pesad@s, interrumpen mi paseo, sólo porque estoy en un espacio público como es la calle.
Quisiera haber empezado con lo que piensan nuestros grandes filósofos sobre la libertad y cómo ha sido tratado el término a lo largo de los siglos, su evolución en el tiempo y las diferentes reflexiones en relación a él, pero he creído más oportuno apoyarme antes en unos ejemplos, para poder entender mejor el concepto. Qué tienen en común las primeras cinco frases y en qué se diferencian de las cinco siguientes, a grosso modo. Pues ya lo ves, el respeto al otro, la sensatez, la cordura, la lógica, el cumplimiento de las normas básicas de convivencia y no la preocupación únicamente de uno mismo, de satisfacerse  personalmente a costa de molestar al otro; luego, no te lo pierdas, estos son los que más se quejan, a la mínima que ven coartada su libertad (susceptibles lo son un rato), aunque no sea cierto. De aquí vienen las frases que tanto oímos últimamente: la libertad de uno acaba donde empieza la del otro, o parece que tiene todos los derechos del mundo pero ninguna obligación.

Sigo sin entender muchas cosas del mundo actual, el porqué de la manera de actuar de muchas personas, y por eso he decidido reunir en una infografía (mi primera infografía, aclaro y advierto) lo que sería para muchos intelectuales la libertad, para que puedas reflexionar como yo, a partir de esa información, presentada de una manera más o menos ordenada y visual.

Aquí la tenéis:





¿Os acordáis de Botticelli y su Venus idealizada de la que os hablaba la semana pasada? Botticelli ejerció su libertad a la hora de mostrar una Venus púdica, que hacia siglos no reaparecía. Teniendo en cuenta las características de libertad desarrolladas en la infografía, ¿creéis que siendo totalmente libre, el artista molestó, ofendió a alguien con su obra, entonces un tanto transgresora? Me planteo un nuevo dilema, la verdad. Yo que pensaba que con mis admirados filósofos lo arreglaría... Eso es precisamente filosofar, cuestionarse cosas, no dar respuesta o solución a las mismas. Sinceramente, pienso que la libertad tiene mucho de respeto, pero últimamente me doy cuenta que el respeto está siendo más relativo y subjetivo que nunca. ¿Te has planteado alguna vez hasta dónde llega tu respeto y hasta dónde tu libertad?

miércoles, 4 de octubre de 2017

Mirar la libertad con ojos de Botticelli

El nacimiento de Venus

Siempre he pensado al ver el Nacimiento de Venus, cómo se hubiera sentido la protagonista si hubiera cobrado vida. Imaginároslo. Finales del siglo XV, Quattrocento, primer desnudo desde hace mucho tiempo, (desde el año 450 d.C. en la época clásica de Grecia y Roma, en la que ya aparecían Venus púdicas), resurge en Florencia un ideal clásico dormido durante la época medieval, pero nunca olvidado. La diosa pagana de la fertilidad y del amor, aparece gracias a las pinceladas de Sandro Botticelli totalmente humanizada, aunque idealizada, eso sí. Como tod@s sabéis, el Renacimiento se caracteriza por lo que indica la palabra precisamente, por el renacer de lo clásico. Y Venus, o Afrodita para los griegos, recuerda casi totalmente a las esculturas clásicas. Y digo casi, porque fijaros en el cuello o en los hombros, son muy exagerados, muy ancho y largo el primero, y excesivamente caídos, los últimos. Pero, ¿qué importan estos detalles, cuando el concepto de libertad del artista y en consecuencia de la obra en si, está en lo más alto?
Creo que si Venus hubiera cobrado vida, hubiera dicho: “Aquí estoy yo. ¿Me veis? Soy una mujer, como podéis comprobar bella por fuera, pero mucho más bella por dentro, con mucha personalidad, inteligente, y que además me hago respetar.” Ahora pienso que, en el fondo esta pintura siempre me ha atraído por este motivo. Pero la vida está llena de interpretaciones, y la mía no tiene por qué ser la tuya. Aunque, hoy vamos a desarrollar la de una servidora, si me lo permites.

¿Qué veo?

La pintura que me dispongo a presentar, de tema mitológico muestra la llegada de la diosa Venus a la costa. Se dice que a una de las islas sagradas del Egeo y que podría ser Creta. Pero, como he dicho anteriormente, no voy a escribir todo lo que se dice sino lo que yo veo o percibo. Puede que diga barbaridades, pues soy sólo una aficionada en esto del arte, así que estáis avisad@s. Allá voy. Lo primero que veo en una de las pinturas profanas más representativas de Botticelli, junto a La Primavera, es a Venus, en el centro de la composición, ligeramente inclinada hacia la derecha, acercándose a una de las Horas de la Primavera, que intenta tapar a la divinidad con un gran manto floreado. La diosa del amor, apoyada en una concha (símbolo de fertilidad) en una postura de pies un tanto difícil, se tapa con las manos y el cabello púdicamente, mientras su mirada perdida acompaña un rostro de rasgos serenos y relajados. A su derecha, vemos a Céfiro, dios del viento y a Aura, la brisa que la impulsan suave y sutilmente hacia la orilla.
Identificados todos los personajes de la obra, quisiera remarcar una serie de aspectos más formales que creo que pueden ayudar a completar el análisis de esta pintura, y es la manera de dividir el cuadro en dos planos, siendo la misma Venus quien separa, y el triángulo invisible que se forma entre los personajes de los dos extremos y la base de la obra. Cómo podéis ver, el paisaje a penas adquiere protagonismo, muy plano y simple, sin perspectiva, con la función única de decorar. También es destacable la contraposición en los colores, azules y fríos con otros más dorados (toques de luz) y cálidos. A simple vista, y en contrapposto de nuevo con el estatismo del paisaje de fondo, la ondulación del pelo y su movimiento causado por la brisa, los personajes alados y los pliegues en las ropas fruto de la fuerza del viento, hacen de esta obra un ejemplo de ligereza y levedad importante. La pintura está repleta de simbolismos y de otras interpretaciones que han ido plasmando expertos, pero que como decía anteriormente, no es ni mucho menos mi cometido hoy, aquí.

¿Qué siento al verlo?

Una vez he analizado muy por encima lo que veo y aspectos más formales, paso a describir lo que me transmite la obra, lo que me hace sentir al verla. La verdad es que el renacer de lo clásico, las ideas neoplatónicas: belleza, amor y verdad, están en mi pensamiento cuando admiro, valga la redundancia, tal belleza pictórica. Pero voy a profundizar en lo que me hace sentir, sin tener en cuenta, si Venus nació como dijo el poeta Hesíodo de la espuma del mar, cuando Cronos le cortó el miembro de la procreación a su propio padre, Urano y lo arrojó al mar. O de si el título es erróneo, porque realmente no se plasma el nacimiento de Venus, sino su llegada a tierra firme. No sé por qué motivo exactamente, pero este cuadro me relaja y de hecho, cuando lo vi por primera vez en la Galería de los Uffizi en Florencia, estuve muchos minutos contemplándolo, a la vez que sentía los pasos de la gente detrás de mí, gente que ya tenía suficiente echándole sólo un vistazo. ¿Por qué me relaja? ¿Por qué me hace sentir bien? Pues no lo sé. Cuando se trata de emociones, lo primero es el sentimiento, luego si le dedicas tiempo, la cabeza. Me relaja, lo cual significa que me gusta, me apacigua, me hace abstraerme de la realidad, me serena, me hace olvidar lo negativo, lo que me perturba, ¿pero por qué? Siento protección (el manto), verdad y naturalidad (desnudez, aunque púdica, pero desnudez al fin y al cabo para la época), ayuda y guía (de Céfiro, Aura y la Hora hacia Venus) y belleza, ¡por qué no!, tanto en las flores, como en la misma diosa, que como hemos dicho anteriormente, ha sido idealizada por el artista. Todo lo que acabo de enumerar como sentimientos, están en lo más alto de mis principios y escala de valores. Por otro lado, me siento identificada con la protagonista, en tanto que nace (el nacimiento ha sido siempre para mí y ahora todavía más, algo maravilloso de la vida, casi milagroso), pero sobretodo me veo reflejada en su mirada perdida, como haciendo ver que está pero no está, físicamente sí pero igual su pensamiento no, y así soy yo a menudo. Sin dejar aún a la diosa, es una atrevida, o mejor dicho su creador por mostrarla en ese siglo sin ningún paño, mostrándola tal cual vino al mundo. Y ya de manera más secundaria, siento pasión por el mar y todo lo referente a él, así como por lo botánico, considerando la jardinería como uno de mis hobbies. Y la verdad es que, poco más me transmite esta grandísima obra. Igual es mucho o poco, todo es relativo, según quien lo lea.

Libertad

Antes de acabar mi primer gran intento de análisis artístico, así como de reflejar mis emociones al admirar tal obra maestra, quisiera dar de nuevo paso a un concepto muy pervertido actualmente bajo mi parecer, como es el de la libertad. Botticelli fue un artista libre al atreverse con la desnudez en una diosa, convirtiendo lo sagrado en pagano o profano, y a la vez transmitiendo esa libertad, personificándola en la protagonista de la composición, que es Venus, la diosa del amor. Ese sentimiento, ¿lo contagió el pintor a través de su obra a otros espectadores de su época o posteriores? Y ese concepto de libertad, ¿existe aún hoy en día? Habrá evolucionado, por lógica. Para bien o para mal. Eso ya te lo dejo a ti y a tu pensamiento. Voy a indagar más sobre el valor de libertad y espero poder aclarar dudas en mi siguiente post.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Tener derecho a todo, y las obligaciones, ya si eso luego

Conocen sus derechos, pero ignoran sus obligaciones

Seguro que os habréis percatado de la presencia de algún “jeta de la vida” a vuestro alrededor, y que van en aumento a medida que pasan los años. Así las llamo yo a esas personas, que tienen la habilidad innata de llevar la ley del mínimo esfuerzo por bandera, pero que van haciendo alarde de todo lo contrario. Gente que conoce muy pero que muy bien sus derechos, pero que ignora totalmente sus obligaciones.

Como os decía, últimamente el tema va in crescendo, por lo menos en mi entorno profesional, que no personal, afortunadamente por ahora, y toquemos madera. Algun@s ya sabéis que soy maestra, y más concretamente trabajo en una escuela pública. Sí, funcionaria, perteneciente a esa gran mayoría que no sale nunca en la televisión cuando hablan en ella de todos en general, y no precisamente para bien. Pertenezco como digo, a una gran mayoría de funcionarios que pencan (oxímoron para algunos, que nos meten en el saco pequeño de los etiquetados), que pencamos mucho, y hacemos horas extra cada día si hace falta, trabajando fines de semana y durante las muchas vacaciones que dicen que tenemos. Parece que estamos obligados a justificar continuamente nuestro trabajo, igualito que en Finlandia vamos, que parece ser la cuna de la educación de calidad, o eso dicen, dónde el profesor está muy bien considerado y valorado, y esto sí es verdad.

A lo que iba. Digo todo esto, porque da la casualidad, y quiero pensar que lo es, que todos los “jetas de la vida” con los que me estoy cruzando últimamente son interinos o sustitutos, que pueden ser reclamados por el centro y quedarse más de un año, más de dos y más de tres, o no, aunque suele ser que sí, y más de tres frecuentemente en los últimos años. Se quedan precisamente, porque son unos espabilados de la vida y saben vender muy bien la moto, aunque hay cosas que hacen bien claro, no todo es vender, pero repito, tienen muchísimos recursos de marketing. Intento buscar explicación, y una puede ser que el hecho de cambiar tan a menudo de centro les curta, les espabile, pero en sentido negativo, y ahora me explico. No voy a concretar porque sería meterme en temas específicos de mi profesión, que seguramente no os interesan y necesitaría además varios posts para ello. Antes de meterme en un berenjenal, quiero dejar claro que jetas de la vida hay en muchos sitios, que también he conocido funcionarios jetas y que con el escrito de hoy no estoy diciendo que todos los interinos sean así, ni mucho menos, solamente da la casualidad que en los últimos 10 años de mi profesión he visto pasar bastantes, y ya digo, cada vez más. De hecho, amig@s que se dedican a profesiones muy distintas, me han contado de perfiles parecidos. Algunos están en calidad de sustituto, otros se encuentran en una situación laboral más estable, incluso se da el mismo perfil en aprendices. Así, que reitero de nuevo. Explico mi caso particular y con él, no tengo voluntad de generalizar en absoluto. El artículo de hoy no va de funcionarios versus interinos, sino de tratar un tema preocupante para mí, y creo que para la sociedad en general, a partir de la descripción de un perfil de persona, que últimamente se me atraganta.
¿Cómo es un "jeta de la vida"?

No importa que digas lo bien que haces tu trabajo y te vanaglories de él constantemente como si no tuvieras abuela, cuando realmente no es así. Cumples con tus obligaciones con un 5 pelado, y haces ver que eres de 10 no, lo siguiente, que eres la perfección absoluta y personificada. No importa que los demás se estén dejando el alma en la escuela, porque tú eres el rey, la reina, eres más guay que todos juntos y antes de la hora ya te vas a comer a tu casa, “admirable”. Eso sí, tú sabes de todo y yo de nada. Tú te crees con derecho a decirme todo lo que se te pase por la cabeza, cuando me equivoco, cuando no, pero ojo si yo te digo lo más mínimo, cuando te equivocas que, ¡arde Troya! Vendes la moto de una manera, otra vez admirable. A la mínima que alguien débil confía en ti, aprovechas y ¡zas! Y si es la directora, que se ciega con ideales novedosos pero de dudosa aplicación, difícil que se materialice con éxito a la práctica, mejor que mejor, ya tenemos jeta de la vida para años en el centro, prometiendo y prometiendo y no haciendo, qué importa lo que haga luego, lo vendido, vendido está. El respeto que tienes hacia los demás brilla por su ausencia y no tienes filtro ninguno, lo que piensas lo dices, sin analizar si igual estas diciendo una burrada, u ofendes de manera descomunal a un compañer@. Vamos, que de nuevo el respeto brilla por su ausencia, y si tienes que pisar a alguien para quedar tú el que más, lo haces sin miramientos. Eso sí, vas proclamando a los cuatro vientos que tienes muchos valores como persona. Lo que sí tienes es un espíritu de supervivencia que muchos querrían, admirable de nuevo. Supongo que con esto tenéis suficiente y ya tenéis identificado al sospechos@. Hay un gran etcétera detrás, pero por hoy creo que ya está bien.

¿A dónde quiero llegar? Si te has fijado, he dicho varias veces admirable. Realmente, se trata de personas muy seguras de si mismas (bueno esto es discutible, porque creo que en el fondo son muy insegur@s, que utilizan esa fachada o posado para disimular otras carencias), con un ego excesivamente alto a mi entender, pero que no deja de ser un ego potente y firme. Admirables en parte, en el sentido de ser gente con las ideas claras, decididos y consistentes, pero vamos a ver, ¡no a costa de saltarse toda la ética y pasársela por el forro! Aquí quería llegar. Estamos alcanzando una situación, hablando a nivel general y social, preocupante, y ahora ya me salgo de mi ejemplo. Hace ya unos años que se habla de crisis de valores. Algunos expertos comentan en sus artículos, que no se trata de una crisis sino de una transformación. Entonces, qué pena de transformación, añado yo. Afirman también los especialistas que, “a cada valor le corresponde un antivalor que produce el desorden ético, o entropía social, que causa la muerte de una cultura y/o civilización[1].

Creo sinceramente, que se avecinan tiempos difíciles, en los que parece que todo vale. El concepto de libertad individual se está pervirtiendo de tal manera, que pagaremos todos por ello, y cuando digo todos, digo TODOS.




[1] CELY G. S. J, Gilberto. Ética, Moral, Valores y Cultura.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

¿Cuánto te conoces?

¿Cuándo fue la última vez que pensaste en ti?

Nos falta tiempo para parar el tiempo, valga la redundancia. Parar y pensar. Reflexionar sobre nosotr@s mism@s. ¿Cuándo fue la última vez que pensaste en ti? En lo que eres, en lo que haces, en lo que piensas. Hoy te propongo una actividad “2 en 1” de cosecha propia, para que puedas hacer un repaso de lo vivido y un análisis de ti mism@. De esta manera, dejamos por un día el darnos a conocer a los demás, y practicar así el autoconocimiento y la autorreflexión, que sin duda ayudará a optimizar la primera opción.

Primera actividad

Al ejercicio lo llamo “reloj de doble uso”, y no deja de ser una práctica emocional, ya que ayudará a sacar de dentro afuera tu esencia, para saber un poco más de ella, de ti. Necesitarás una cartulina grande de color blanco, aunque también se puede hacer versión hoja de papel, si te pilla en un momento improvisado. También sería bueno disponer de revistas que puedas recortar de diferente tipología (si estás en casa de mamá y papá o de los suegros no vale, que seguro que casi todas son del corazón, o igual no y soy un poco doña prejuicios), aunque si se te da bien el dibujo, es la mejor opción para complementar el material para el collage. También está la opción fotografías, aunque nunca he sido partidaria de recortarlas. Por último, lápiz, rotulador negro para repasar, regla, compás o algo con lo que puedas trazar una circunferencia, colores, tijeras, pegamento, y dos bolígrafos, azul y rojo. Vamos a ello.

Dibuja un reloj simple, usando el compás o algún objeto que te de la circunferencia ocupando la totalidad de la cartulina. Marca las 12 horas, escribiendo el número o no; esto último no es imprescindible. Ahora que tienes los 12 puntos, traza líneas rectas de manera que te queden 12 porciones o “quesitos”. Bien, una vez repasado el lápiz con el rotulador, empezamos la actividad de recordar. Se trata de pensar en tu vida, todo lo que ha ocurrido en ella y priorizar. Quédate con aquellos 12 momentos, acontecimientos, personas, cosas, lugares, etc., lo que sea. Se trata de dar visibilidad a 12 aspectos de tu pasado que te han marcado, ya sea para bien o para mal. Me explico. Por ejemplo, la muerte reciente de mi abuela fue un punto de inflexión en mi vida, porque era un apoyo muy grande para mí, un espejo dónde mirarme, y sigue siéndolo, pero ya no está físicamente, y eso marca, y duele en este caso. En cambio, el nacimiento reciente también de mi hija sería un punto importante positivo, el más importante de todos, por eso lo pondré en el número 1. Esta es otra variante, puedes usar los números para ordenar de más prioritario(1) a menos (12). Como queremos que el resultado sea totalmente visual, utiliza revistas, dibujos, fotografías,… si quieres para dar imagen a todos esos sucesos, y vas completando así las 12 franjas. Con este ejercicio estás, no sólo dando visibilidad a tus recuerdos usando la memoria, sino priorizando, dando valor a lo que has vivido y a aquello que te ha hecho ser quien eres. Estoy segura que esta práctica te hará aflorar infinitas emociones y sentimientos, algo indudablemente positivo. Por cierto, es muy recomendable una vez hayas experimentado la autorreflexión y saber cómo funciona, realizar el mismo ejercicio con tus hij@s, preferiblemente a partir de 7-8 años. Os llevaréis gratas sorpresas.

Segunda actividad

Completemos ahora este ejercicio de autoconocimiento. Da la vuelta a la cartulina y repasa de nuevo la circunferencia. Esta vez, divídela en 4 porciones: fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades (escríbelas afuera, al lado del cuadrante correspondiente), empezando por el cuadrante superior derecho y siguiendo las agujas del reloj. De esta manera, la mitad superior de la circunferencia se refiere a aspectos positivos y la inferior a aspectos a tener en cuenta para poner solución y mejorar. Por otro lado, la mitad derecha corresponde a un análisis más interno, ya que son factores que dependen exclusivamente de mí, son intrínsecos a mi persona, y la mitad izquierda a un análisis externo, en tanto que serán características que me influyen desde mi entorno hacia mi persona, no al revés. A estas alturas, much@s ya os habréis dado cuenta que se trata de un análisis DAFO; también llamado FODA o DOFA. Es una herramienta originaria de Estados Unidos, de los años 60-70, utilizada para conocer la situación real en que se encuentra una organización, una empresa o un proyecto, y planear una estrategia de futuro. A principios de este siglo se puso muy de moda en España; por lo menos, en el centro educativo dónde yo trabajaba la utilizamos varias veces, para conocer la situación real de la escuela y para conocernos a nosotros mismos. A continuación, os resumo cada uno de los cuadrantes y os pongo ejemplos, para que podáis realizar vuestra DAFO de una manera más fácil. En los cuadrantes puedes escribir palabras clave o frases cortas (escribe en azul en los cuadrantes superiores y en rojo en los inferiores). Mis ejemplos, en cursiva se refieren en este caso a un análisis de mi vida profesional. Tú puedes hacerlo del ámbito personal y/o profesional. Por supuesto, decir que mis atributos o características, clasificados como positivos pueden ser negativos para ti, y al revés; es subjetividad pura y dura.

Fortalezas: puntos fuertes de tu personalidad, habilidades y actitudes, ventajas. Perseverante.
Debilidades: puntos débiles de tu personalidad, desventajas, barreras internas. Impaciente.
Amenazas: situaciones negativas externas a ti, pero que te influyen desfavorablemente. Inestabilidad laboral.
Oportunidades: factores positivos que se dan en tu entorno y pueden ser aprovechados. Trabajo de lunes a viernes.

¿Qué vamos a conseguir con esta DAFO personal/profesional y casera? Que conozcas TU realidad, los factores positivos y negativos, internos y externos, que dependen directa o indirectamente de ti, y que intervienen en tu día a día para conseguir los objetivos que te propongas, optimizando así todos tus recursos. Te da una visión global y fidedigna de ti mism@, y te ayuda a ser consciente de tu potencial, así como de aquello que puede estar entorpeciendo lo que te propones. No cabe duda que, cuanto más se conoce un@ a si mism@, más posibilidades hay de llegar al objetivo.


Este post de hoy ha sido algo más práctico que los anteriores. De vez en cuando iré intercalando la práctica con la reflexión. Considero que es interesante hablar del concepto y contrastar ideas, pero mucho más importante es saber quiénes somos, para mostrarnos más seguros delante de los demás, así como para llegar a un equilibrio personal y emocional. Eso sí, os puedo asegurar que esta práctica no consigue milagros, pero sí acercarte mucho más a lo que te propones. En la vida, no todo es cuestión de suerte.