Del camello al león, del león al niño


Si os acordáis, en el post anterior, varias personas se ofrecieron a participar en mi experimento emocional: música y emoción, entre ellas unas twitteras muy apreciadas, por demostrar siempre estar ahí: @LiditaSwan y @Madre_Superada

La pieza musical escogida para oír y escuchar pertenecía a “Así habló Zaratustra”, de Richard Strauss (1864-1949), un poema sinfónico inspirado en la obra homónima del filósofo Friedrich Nietzsche (1844-1900). 

Pues bien, siguiendo el hilo, el hilo filosófico, me quedo con el que a veces guarda silencio, con el que también a veces se encuentra apartado de todo, siempre tan solo, odiando sus propias virtudes, sí, con el gran y polémico Nietzsche. 

Así es. Hoy os voy a adentrar en casi una centésima parte de su obra “Así habló Zaratustra”. He de confesar, que la primera vez que me contaron algo del genio (para mí) y loco pensador (para algunos), fue en las clases de filosofía de COU (2º de Bachillerato, para los Millennials más jóvenes y Generación Z). Tuve también otro genio, loco y gran profesor, un crack. Sí, lo admito, soy de las pocas, frikis, rarísimas a la que le encantaba y le sigue encantando la filosofía. Era un paseo por la historia de la filosofía, un paseo por sus pensadores más relevantes, y he de admitir, que a partir de Nietzsche, ya ninguno más me llamó la atención; pero eso lo veo ahora, no entonces, que debía estudiármelos todos sí o sí para los exámenes y para la Selectividad. 

Cuando me puse manos a la obra con este post, ya hace varios meses, rescaté mis viejos apuntes y mis vagos recuerdos de aspectos importantes del pensamiento Nietzscheano, como el nihilismo (negación de la vida, incapacidad de crear), la voluntad de poder (alternativa al nihilismo, es el sí a la vida), "dios ha muerto", el superhombre (el hombre creador, el afirmativo, el gran sí), pero necesitaba repasarlos, claro. Han pasado muchos años, concretamente 20. 

Después de leer mucho y más, decidí quedarme con la obra del profeta como protagonista, también ermitaño, mensajero, salvador del hombre, Zaratustra. De ahí mi entrada anterior. De todos sus discursos, he decidido quedarme con el de las tres transformaciones. A continuación, intentaré reflexionar sobre este discurso, como buenamente pueda, ya que no deja de ser un conjunto de cuestiones y reflexiones que giran en torno a la problemática de la libertad individual, un tema nada fácil de desarrollar.

Nietzche, mediante Zaratustra nos quiere dar a conocer la figura del Superhombre, como el fruto de las tres transformaciones del espíritu humano. A modo de metáfora, y como dice el título del post, el espíritu del hombre se irá transformando, primero en camello, después en león, y finalmente en niño. ¿Transformándose para qué? 

La vida del ser humano no deja de ser un recorrido en el que tiene lugar la transmutación de valores, un camino en el que la persona puede cambiar la antigua y tradicional moral por valores propios. Nietzsche busca un espíritu humano libre, no subordinado, que sea el único dueño de su “yo”.

Del espíritu del hombre al camello
El camello es un animal que se caracteriza por su fortaleza, pero también por ser muy servicial. Es un espíritu “vigoroso y sufrido”. Simboliza a los que se conforman con obedecer ciegamente. Él se arrodilla y se deja cargar. Cargas morales que se le han impuesto, obligaciones sociales, valores de la moralidad cristiana y tradicional. Debe obedecer, sin más los valores que se le han presentado en forma de creencias, teorías y tradiciones religiosas. La propia humillación del camello es tomada como valor, así como la dedicación a los demás. 

Dice Zaratustra, o Nietzsche: “¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo?” El camello tiene la esperanza de que exista una supuesta vida eterna después de la muerte. Tengo miedo a morir, así pues creo en algo más allá de la vida corriente. En este sentido, el filósofo nos dice que hay que asumir la vida tal como es, también con sus cosas malas, no sólo quedarnos con lo bello y bonito. No somos dioses, somos finitos, somos de condición humana. 

El camello dice “yo debo”. Lo asume, porque cree que de esa manera se ganará la vida eterna. Así pues, acepta cualquier sufrimiento, cualquier carga, se cae y a veces se levanta con mucha dificultad, pero aún así sigue, debe seguir soportando lo que sea para ganarse la eternidad, la verdadera vida feliz, que no tiene pero tendrá, piensa. Pero el camello puede seguir cargado, aunque huyendo hacia el desierto. En esa travesía va solo, escapando del lugar dónde era cargado con los valores de los otros.

Del camello al león
El camello, que escapa queriendo ser más, se transforma en león. Éste, con la valentía que lo caracteriza, se muestra decidido a enfrentarse al deber que implica la moral tradicional (enfrentamiento que Nietzsche dibuja metafóricamente entre el león y el dragón). El león no permite que nadie le toque, ni se inclina ante nadie para ser cargado. Simboliza el ser humano liberado de las cargas morales y sociales, a las que sí estaba sometido el camello. 

Ahora ya no es “yo debo”, sino “yo quiero”. El león ansía la libertad allá en el desierto. Por eso, Nietzsche lo enfrenta al dragón, que simboliza el “tú debes” anterior del camello (herencia ética kantiana, que había fascinado a muchos racionalistas) y todos los valores milenarios de la moral tradicional, que el león se atreve ahora a desafiar. Enfrenta libertad de espíritu con esclavitud, con la finalidad de que la primera salga victoriosa. 

El león quiere conquistar su propia libertad y ser señor de su propio desierto, decía Zaratustra.  Sabe que el sentido de su vida depende de una elección, que la voluntad de poder es la realidad última de la vida. Tiene el valor de diseñar sus propios valores y vivir conforme a ellos. Asume su propia vida. Decide por voluntad propia. Nadie decide por él.

Del león al niño
Pero el león necesita convertirse en niño. Última transformación. Necesita alcanzar su libertad absoluta y convertirse en Superhombre, superar su autosuficiencia para poder vivir libre de prejuicios y crear una nueva tabla de valores. Para ello tenemos la inocencia y el juego del niño. Éste es creador. Sólo el niño consigue la espontaneidad y naturalidad de lo vivo. 

Con la figura del niño, Zaratustra, y en definitiva Nietzsche está describiendo la moral del Superhombre, aquel capaz de transformar la vida. “Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí”. (…) “Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo”. Debemos tener un espíritu libre, no esclavo. 

La verdadera voluntad es la propia de cada uno, no la de otros. Con su inocencia, ingenuidad, el niño tiene su propia voluntad de poder y ningún recuerdo lo perturba, o ninguna orden, límite lo coacciona. Sólo llegados a este espíritu, el del niño somos verdaderamente libres, Superhombres como diría Nietzsche.
Por último
Llegados a este punto, poco más me queda por comentar. Deciros que para los que no sois tan amantes de la filosofía, perdón por el tostón, pero lo necesitaba. Hacía tiempo que necesitaba reforzar algunos aspectos de la vida con autores consagrados. Sólo espero que nunca nunca dejéis de sentiros niñ@s, y ya sabéis por qué os lo digo…

Comentarios

  1. A mí también me gustaba la filosofía de adolescente, la recuerdo con cariño. Pero tengo que alabar que 20 años después, te hayas empapado de todo aquello que estudiamos. Eres el no va más!
    Besos

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    Respuestas
    1. Es de las pocas libretas de apuntes que guardo del insti! Me encantaba Filo! Muchísimas gracias por pasarte Violeta, y comentar! Eres un sol! 😘😘😘

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